INFORMACION PARA LA PREVENCION

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INFECCIONES CUTANEAS EN LOS MAS CHICOS


Prevención y Tratamiento 

Andrea es maestra jardinera y trabaja en una institución parroquial que asienta en una populosa barriada del Gran Buenos Aires. Allí concurren numerosos niños que permanecen en la escuela en jornada completa.
Una de sus preocupaciones es que ha notado que varios de sus pequeños alumnos desarrollan pequeñas y múltiples ampollitas en la piel. Estas ampollitas cuando se rompen (hecho que ocurre con mucha facilidad) dejan escapar un líquido amarillo y transparente, y algunas incluso presentan pus.

Este problema que afecta principalmente la cara, se disemina con facilidad entre los compañeritos. Muchos de ellos pertenecen a hogares muy humildes en los cuales los padres se encuentran ausentes mucho tiempo por razones laborales o bien pasan por alto estas manifestaciones, a las que restan importancia.

Preocupada por esta situación, consulta con el pediatra de cabecera de sus sobrinos, quien le comenta que probablemente el cuadro que ella observó en sus alumnos se trate de una afección muy frecuente en la infancia: el impétigo.
El impétigo: su naturaleza y prevención
El impétigo es una infección la piel provocada por uno o dos de los siguientes gérmenes: el Streptococus pyogenes y/o el Staphylococcus aureus. La falta de higiene es un factor que la favorece y el contagio es prácticamente la norma.

Cuando se seca la base de las ampollas mencionadas, se forma una costra amarillenta, tal como ha observado Andrea.
Salvo en caso de excepción, es necesario recurrir al tratamiento con antibióticos por vía oral, que, si se suministran precozmente, logran reducir en 48 horas el riesgo de contagio. Éste es muy frecuente, sobre todo teniendo en cuenta la proximidad y el tiempo en el cual los niños se mantienen juntos, como sucede entre hermanos o en compañeritos que asisten a la escuela en jornada completa.
Más allá de esta medida terapéutica, que debe ser siempre indicada por un médico, existen conductas de índole general que son imprescindibles para circunscribir la enfermedad y evitar su diseminación.
Para ello, es necesario:

• Mejorar las condiciones de higiene de la piel.
• Propiciar la realización de un baño diario, con el consiguiente cambio de la ropa interior.
• Fomentar el lavado cuidadoso de las manos, particularmente luego de los juegos al aire libre, la manipulación de juguetes o elementos que estén en contacto con el suelo o con animales
• Cepillar las uñas, las cuales es preferible que se mantengan cortas
• Efectuar el tratamiento local de las lesiones:
    1) Lavado y descostrado de las lesiones, con compresa húmeda.
    2) Empleo de un antiséptico local, como las soluciones formuladas en base a yodopovidona
    3) Empleo de alguna crema con antibióticos (a criterio del médico)
• Si la lesión es única o muy localizada, tratar de mantenerla seca y tapada, para evitar el contagio y la autodiseminación (siembra de lesiones por el resto del cuerpo)
• Emplear en lo posible ropa amplia, para reducir el roce, y de algodón, que evita que la humedad propia de la transpiración macere (reblandezca) la piel, favoreciendo su daño.

El papel del docente en éste y otros casos es sumamente importante, no sólo porque su permanencia junto al niño le permite detectar este tipo de problemas y notificar a sus padres, sino porque puede transformarse en un excelente educador también de los padres o de los adultos encargados de sus cuidados. Inculcar hábitos de limpieza y tratamiento precoz de estas lesiones, a través de simples procedimientos de desinfección, resultan elementos fundamentales en pos de lograr niños saludables, a la vez que reducen los costos emergentes del tratamiento de situaciones infecciosas de mayor gravedad.

PHX/CCI/0016/17 Editora Médica Digital




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